Posts Tagged ‘doble moral

24
Ago
11

El aeropuerto y las bebidas o “Todos somos corruptos”

Hace algún tiempo estaba en una sala de espera de un aeropuerto del país con algunos amigos. Habíamos llegado con una hora de anticipación para tomar el vuelo, y nos topamos con la noticia que el vuelo tenía de 2 a 3 horas de retraso. Al final fueron 3.

Nos sentamos en una mesa a platicar y matar el tiempo. Llevábamos un rato platicando, cuando uno de ellos, comentó “todos somos corruptos”. Comentario que no nos cayó muy bien a los demás, sin embargo su argumento tenía algunas bases que no pudimos refutar. En primer lugar, preguntó. ¿Qué están tomando? Tres de los 4 bebían ron con refresco de cola. En ese aeropuerto, en esa sala de última espera, No estaba permitida la venta de alcohol (no me pregunten porque), y sin embargo ahí estábamos, con nuestras cubas en la mano. Yo bebía coca cola, así que mi defensa estaba sustentada, sin embargo, no estaba tomando cuba, no porque hubiera pensado que estaba prohibido, sino porque no la apetecía en el momento. Pero, ¿Cómo es que teníamos cubas?. Uno de nosotros preguntó, el locatario dijo que las podía servir, y al final, con un costo un poco más alto y una propina, ahí estábamos rompiendo una regla, todos corruptos, el que vendió el alcohol, el que lo compró y el que lo vió y no lo impidió.

Argumentos de cada uno? No los sé todos, así que trataré de interpretarlos.

El que vendió las bebidas:

“No me han dado el permiso para vender bebidas alcohólicas porque no he querido dar un “donativo” a alguna autoridad, además la licencia para alcohol es muy cara, y la renta que ya pago al aeropuerto por el espacio, se come gran parte de mis ingresos. Solo dan el negocio a quienes ya tiene mucho dinero y así lo reparten para conseguir sus permisos. Además al vender unas cuantas cubas, no hago daño a nadie, y tengo a los clientes contentos.”

Los que las compraron:

“¿Cómo que no hay venta de alcohol en el aeropuerto? Vamos a estar 3 horas contemplando el suelo, al menos bebamos algo mientras platicamos. No hacemos daño a nadie, y ayudamos al locatario a ganarse unos centavos extras. Es una tontería que no haya venta de alcohol aquí.”

El que no dijo nada:

“Ni cuenta me dí cuando compraron las bebidas, no hacen daño a nadie, y es una regla estúpida, ya que en otros aeropuertos si hay venta de bebidas alcohólicas en la sala de última espera.”

Hablamos de muchas cosas, pero este era un tema recurrente. Se comentó que la vida no era blanco y negro, y que había una escala de grises en los valores.

Al final del día pagamos nuestra cuenta (alta por cierto), y nos subimos al avión.

Después de mucho tiempo sigo dándole vueltas a nuestra conversación. ¿en verdad todos somos corruptos?, es solo cuestión de escalas?, el que compra una bebida cuando no debe., el que se pasa el alto, el que se estaciona en lugar prohibido “solo un momento”. Hasta el gobernante que recibe dinero a cambio de favores.

Sigo convencido que debemos buscar la mejor educación para nuestros hijos, y que las reglas se hicieron para que exista una sana convivencia en sociedad, pero también creo que existen reglas estúpidas carentes de todo sentido, o que tal vez lo tuvieron en un momento y que el día de hoy son obsoletas. Un ejemplo que se usó en nuestra conversación, fue la prohibición de fumar. Con todo lo que representa, al final se trata de proteger a los no fumadores del humo nocivo del tabaco, pero la prohibición de beber en una sala de última espera del aeropuerto? Al final bebimos, nadie se dio cuenta, y no se protegió o daño a nadie (no hay humo nocivo en el alcohol). Habrá quien diga que se dañó al gobierno, ya que no recaudó impuestos en la venta de esas bebidas, ni cobró el derecho por la licencia para venta de bebidas, y no sé hasta donde sea cierto; los hechos ahí quedan, y no fuimos los primeros ni seremos los últimos en beber alcohol en ese establecimiento. Al final me quedó en la mente la aseveración tan tajante “Todos somos corruptos”; muy similar a aquella de Dr. House “todos mienten”, la cual analizaré en otra ocasión.

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23
Mar
11

La Doble Moral de las Empresas

En todas las empresas que he laborado, o con las que he tenido contacto, así como en las instituciones de gobierno, siempre existe un reglamento que prohíbe el recibir regalos de parte de los proveedores de bienes o servicios; cada una es diferente, y los reglamentos varían, aunque el fin es el mismo: evitar que el empleado que recibe el regalo tenga alguna preferencia por un proveedor específico. En varias de ellas el reglamento contempla tipo de regalos y valor de los mismos que se pueden recibir, en la mayoría diciendo que se pueden recibir objetos publicitarios: plumas, tazas, gorras y llaveros entre otros, de la empresa en cuestión, o que no rebasen un monto límite en su valor: alrededor de 500 pesos actualmente (con esto no se pueden recibir autos que tengan el logotipo de la empresa que lo regala).

Los reglamentos son cada vez más específicos, y hablan de invitaciones a eventos musicales, culturales o deportivos, e incluyen al empleado y familiares directos. Algunos indican que en caso de recibir un regalo, este se debe entregar al área de Recursos Humanos (o la que designe la empresa) para que el regalo sea rifado entre todos los empleados a fin de año.

Algunas empresas más, se van al extremo de no poder recibir ni siquiera una pluma, una taza o una invitación a comer, y en dado caso de una invitación a comer, un evento deportivo o algo similar, el empleado debe pagar por su propia comida o entrada, informar que lo hizo y presentar el comprobante de pago a la empresa (no necesariamente para que le reembolsen, sino más bien para verificar que no recibió absolutamente nada). En una empresa que laboré, el reverso de nuestras tarjetas de presentación traía una leyenda que no recuerdo exactamente, pero básicamente decía: “En XXXX somos gente honesta, no recibimos ningún tipo de regalo por parte de nuestros proveedores”.

Todo lo anterior lo veo muy bien, quizá un poco exagerado en el último caso, ya que no creo que una invitación a comer pueda influir en una decisión de compra, y más bien lo veo como una manera de socializar y tener una mejor relación con los proveedores, sin embargo también puede ser sano el no tener ningún punto que se preste a malas interpretaciones.

Ahora entremos en materia: Casi todas estas empresas que se precian de tener reglamentos para evitar que sus empleados reciban obsequios o dádivas, ya sea en efectivo o especie, tienen por otro lado un área de ventas y una de marketing, las cuales realizan todos y cada uno de los supuestos que mencionan en sus reglamentos, para con sus propios clientes, esto es: dan obsequios al personal de las empresas de que son proveedores, que varían desde las tazas con logotipo, hasta botellas de vino cosecha especial, canastas navideñas, todo tipo de licores, relojes, cuadros, obras de arte, y demás. Realizan eventos especiales para clientes, ya sea cenas, reuniones, fiestas, en las que además de la comida y bebida existe un espectáculo, y se dan obsequios a los clientes; algunas obsequian boletos para eventos musicales, culturales y deportivos para los directivos de las empresas y sus familiares, y las más pudientes llegan al caso de organizar funciones especiales de obras de teatro o conciertos para sus clientes. Los gerentes de ventas tienen una tarjeta corporativa y una cuenta de “gastos de representación”, para poder invitar a comer y beber a los clientes a sus anchas, con pocas o ninguna restricción, dependiendo de la empresa y el nivel de la persona.

¿Que significa todo esto? Yo tengo varias teorías:

La primera es que las empresas que caen en este doble juego, NO CONFÍAN en sus propios empleados, creen que se dejarán manipular por los proveedores, o que son tan corruptos que dan contratos o compran bienes o servicios para recibir algo a cambio, mientras que los empleados de las empresas que son sus clientes, son las personas más rectas que existen en el mundo, y no se dejarán influenciar por ningún motivo para tomar decisiones de a quien comprar, y los regalos son solo una manera de agradecer su preferencia.

La segunda es que NO CONFÍAN en sus propios empleados, creen que se dejarán manipular por los proveedores, o que son tan corruptos que dan contratos o compran bienes o servicios para recibir algo a cambio, pero tampoco creen que los empleados de las otras empresas (sus clientes) sean personas íntegras, y tratan de hacer que por medio de regalos les compren el producto, aunque este sea malo y a un precio mayor que el de la competencia.

La tercera, las empresas confían plenamente en sus empleados, pero prefieren dejar las cosas claras para evitar que alguno de ellos llegue a caer en tentaciones, y a los empleados de sus empresas clientes, a quienes dan regalos o invitaciones, es con el único fin de mantener una buena relación, y agradecer el que les hayan comprado, y de ninguna manera tratan de influenciar sus decisiones.

¿Cuál creen ustedes que sea la correcta? Yo no lo sé, y no me atrevería a especular, ya que cada empresa es diferente como mencioné en un principio, sin embargo este doble discurso que aplica reglas diferentes hacia el interior y el exterior de la compañía, manda un doble mensaje a los empleados si las cosas no son totalmente claras, especialmente si uno puede ver que los directivos sí reciben y aceptan todo tipo de regalos, desde piernas de jamón serrano, hasta aparatos electrónicos.

Por mi parte creo que los empleados deben comportarse con integridad independientemente de si existe o no un reglamento interno que prohíba o sancione el recibir regalos,  y no dejarse influenciar para tomar una decisión que sea la más conveniente para la empresa que representan. Yo sería un hipócrita si dijera que nunca he recibido un regalo o invitación a comer, sin embargo, esto ha sido siempre después de haber tomado las decisiones necesarias con el mayor beneficio para mi empresa, y lo veo como un agradecimiento, que, aunque no habría porqué darlo, ya que uno solo hace su trabajo, los proveedores con los que he tratado lo hacen para que se mantenga una buena relación, y de hecho muchos de mis amigos actuales alguna vez fueron proveedores en alguna empresa que laboré, y no todos ganaban los concursos, y muchos de ellos han comido conmigo y más de una ocasión he sido yo quien los ha invitado, solo por el placer de convivir con ellos.

En resumen, la integridad de una persona debe ir más allá de que exista algún reglamento que le prohíba algo, de hecho en algún lugar leí que uno debe actuar como si lo que hiciera fuera a salir publicado en todos los periódicos al día siguiente, aunque nadie lo esté viendo, así se asegurará que sus actos siempre son correctos.

Salu2

Carlos.




Es hora de cambiar las cosas.

México D.F.

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